Niños
¿Qué hay en el plato?
El omega-3 marino es esencial para la salud y el desarrollo de los niños. Desde el vientre materno, en la adolescencia y bien entrados en la edad adulta, estos ácidos grasos esenciales son necesarios en todas las células de nuestro organismo. Dado que los ácidos grasos omega-3 marinos son tan importantes para el desarrollo de los niños, las recomendaciones nutricionales en todo el mundo hacen especial hincapié en garantizar su consumo. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de niños obtiene suficiente pescado de calidad en su dieta.

El DHA (ácido docosahexaenoico), junto con el EPA (ácido eicosapentaenoico), son los dos ácidos grasos omega-3 más importantes desde el punto de vista nutricional. Estos ácidos grasos especializados promueven el crecimiento y el desarrollo normal en los niños, como el desarrollo de la vista y del cerebro, y muchos otros beneficios para la salud. Ambos ácidos grasos son necesarios en diferentes cantidades, pero igualmente importantes, ya que trabajan juntos en un proceso complejo.
Las mejores fuentes de omega-3 marino son el salmón, la caballa, el atún y el arenque, y los mariscos se asocian generalmente con la buena salud. Para garantizar que obtenemos suficientes nutrientes, la mayoría de las directrices alimentarias europeas incluyen (como mínimo) dos porciones de pescado por semana para los niños y adolescentes.
BalanceOil es un suplemento alimenticio para el equilibrio de ácidos grasos omega con polifenoles (antioxidantes) y vitamina D. Contiene niveles nutritivos de omega-3 marino EPA y DHA para apoyar el desarrollo normal de un cerebro sano y reforzar el sistema inmunológico en los niños. Gracias al alto contenido en antioxidantes, cada porción asegura el suministro de una dosis clínicamente significativa de ácidos grasos esenciales y se basa en el peso corporal individual del niño (0,20 ml por kilo de peso corporal).
Aunque la alimentación es la mejor opción, consumir 2 o 3 porciones de pescado a la semana puede ser difícil para los niños pequeños. Por lo tanto, el suplemento con aceite de pescado se destaca cada vez más como una forma aceptable de suplir las necesidades dietéticas de los niños, especialmente si se guía por un enfoque personalizado basado en biomarcadores.

¿Hay malos comedores también en su mesa?
Hay que implantar los buenos hábitos desde bien temprano. Para ayudar a su hijo a probar nuevos alimentos, hay muchos trucos y técnicas con los que jugar.
Los niños nacen con un escepticismo por los nuevos alimentos, se llama neofobia. Se sospecha de la comida por un instinto de supervivencia, algo que es perfectamente saludable. Por ejemplo, ¿qué pasaría si a usted le pidieran que probara dos trozos de comida no identificable? Le dicen que uno de los dos no es comestible y potencialmente tóxico y tiene que averiguar cuál puede comer. ¿Cómo lo haría? Lo más probable es que inspeccionase los trozos de cerca, los cogiese, los oliese y, tal vez, diese un pequeño mordisco, ya que sería normal sentir recelo al probar algo nuevo. Lo mismo ocurre con su hijo. Esta respuesta perfectamente normal es la razón por la que es un error ofrecer grandes porciones a los niños, ya que podrían quitarles las ganas de probar nuevos alimentos. Por lo tanto, la mayoría de los expertos le dirán que les ofrezca pequeñas pizcas de alimento.

Más sugerencias: Ofrezca un trozo de pescado del tamaño de una uña. Anime a su hijo diciéndole cosas como: “Es fácil. Lo puedes hacer en un segundo”. Cuando su hijo haya probado el trocito de pescado, dele inmediatamente otro trozo de comida que sepa que le gusta. En las siguientes comidas, aumente gradualmente el tamaño del pescado y vaya eliminando la comida favorita que le ofrece después.
Para una buena salud, intente incluir al menos una fuente rica de grasas marinas omega-3 en las comidas de su hijo todos los días. (Esto en realidad también se aplica a nosotros). Procure servir una ración de pescado graso, como tacos de pescado, sándwiches de atún o empanadillas de salmón. Algunos alimentos están enriquecidos con DHA, pero no con EPA, y necesitamos ambos.
- Pequeños bocados seguidos por una ración de otros alimentos favoritos
- ¡Solo refuerzos positivos! Incluso si es solo para animar al niño por “casi intentarlo”.
- Cambie el nombre del plato de pescado por algo más divertido, peculiar o intrigante que un simple “pescado con patatas”.
- Deje siempre que su hijo toque y sienta toda la comida nueva que hay en el plato.
- Se necesitan al menos 14 sesiones de degustación específicas para reprogramar el cerebro y que le empiecen a gustar los alimentos rechazados.
- Pruebe a darle alimentos con pescado divertidos, como los tacos de pescado, los sándwiches de atún o las empanadillas de salmón.
